Dos años menos dos días. Es el tiempo que han tardado las dos mejores selecciones del mundo en volver a verse las caras. El 24 de agosto de 2008 fuimos testigos de uno de los encuentros más vibrantes y de mayor calidad que un deporte tan apasionante como el baloncesto puede ofrecer al aficionado.
Sucedió en Pekín. En una final olímpica para el recuerdo. España hizo sudar a los norteamericanos mucho más de lo que ellos podrían haber previsto en un principio. 107-118 fue el resultado y una sensación en el ambiente: la de una oportunidad perdida.
Imágenes en la memoria
Son muchas, y algunas de ellas no aparecen los españoles como protagonistas. Por ejemplo, el triple lejanísimo (con falta incluida) de Kobe y su reacción posterior, haciendo callar al contrario. O los ‘dribblings’ imparables de un Wade letal (27 puntos aquella noche).
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