Dos años menos dos días. Es el tiempo que han tardado las dos mejores selecciones del mundo en volver a verse las caras. El 24 de agosto de 2008 fuimos testigos de uno de los encuentros más vibrantes y de mayor calidad que un deporte tan apasionante como el baloncesto puede ofrecer al aficionado.
Sucedió en Pekín. En una final olímpica para el recuerdo. España hizo sudar a los norteamericanos mucho más de lo que ellos podrían haber previsto en un principio. 107-118 fue el resultado y una sensación en el ambiente: la de una oportunidad perdida.
Imágenes en la memoria
Son muchas, y algunas de ellas no aparecen los españoles como protagonistas. Por ejemplo, el triple lejanísimo (con falta incluida) de Kobe y su reacción posterior, haciendo callar al contrario. O los ‘dribblings’ imparables de un Wade letal (27 puntos aquella noche).
Otras, nos hacen dibujar como presentes ilusiones pasadas, esas que teníamos al ver que Estados Unidos no se despegaba en el marcador. Imposible olvidar el bestial mate a una mano de Rudy sobre Howard. Le acompañará durante toda su carrera. O el triple también del mallorquín y la alegría de Garbajosa en el banquillo. O un pase magistral de Ricky sin mirar… O un alley oop para Pau (ojalá esa jugada se pudiera repetir en Turquía).
¿Qué hay de nuevo?
En agosto de 2010 la percepción que España tiene de su rival es completamente diferente. Ningún miembro del campeón olímpico repite en el Mundial. ‘Coach K’ presenta un ‘Equipo B’. Quien estuviera en su lugar. Cierto es que intentar establecer una comparación con los Kobe, Lebron, Wade, Carmelo, Paul o Howard es caer en el absurdo. Hablamos de los mejores del mundo en su profesión. Pero los ‘yanquis’ tienen argumentos más que de sobra como para considerarlos favoritos al oro.
Dotados de un físico privilegiado (así lo destaca Scariolo), jugadores como Durant, Rose o Granger son, además, anotadores compulsivos. La experiencia y la pausa de Billups es impagable, la versatilidad de Odom, envidiable… Y un sinfín de virtudes. ¿Defectos? Adolecen de presencia interior y pueden pecar de individualismo.
Pau no estará amenazando el aro norteamericano. Sí jugará otro Gasol, el mediano, que va camino de, cuando menos, aspirar a emular las gestas de su hermano. Por ese camino se puede hacer daño a Chandler, Love y compañía. Competirá Calderón, ausente en la final de Pekín. Su experiencia NBA puede ayudar. Pero no se debe dar nada por sentado. El baloncesto es imprevisible. El baloncesto es genial. El baloncesto nos regala otro España-Estados Unidos dos años después. Toca disfrutar.
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